jueves, 25 de octubre de 2012

FIEL REFLEJO


 
      Piel y cristal. Azogue y carne fundidos en un solo ser.

-          ¿Y ahora qué?

-          ¿Qué quieres decir?

-          ¿Qué vas a hacer de ahora en adelante? Porque algo tendrás que hacer.

-          Seguir viviendo

-          Dirás empezar a vivir, hasta ahora has sobrevivido.

Su triste semblante reflejaba en el espejo una vida mal jugada. Sus arrugas no mostraban restos de sonrisas sino de penurias. Y sus ojos, hundidos en su propia oquedad, apenas dejaban vislumbrar la juventud vivida.

-          Y qué más da, a fin de cuentas es lo mismo.

-          No, en absoluto tiene que ver lo uno con lo otro.

-          ¿En qué se diferencia?

-          Vivir es disfrutar de la vida intensamente, con sus alegrías y sus penas, con sus entusiasmos y sus decepciones. Tú te has limitado a respirar, a pasar los días y a velar sus noches.

Esa frase retumbaba en su cabeza, golpeando palabra por palabra y convirtiendo en un yunque los aciagos días de su triste existencia.

-          No podía hacer otra cosa. Al menos hoy continúo viva.

-          ¿Viva dices?  Estás más muerta que yo, que soy un ser inanimado. Tan solo tu corazón funciona bombeando sangre para cumplir sus funciones vitales,  únicamente.

-          No solo eso, también ando, corro, hablo, sonrío…

-          ¡Mientes, obsérvate! Andas porque tu propia inercia provoca su paso. Corres huyendo de todo lo que te tiene atemorizada, presa y condenada al ostracismo más absoluto. Hablas porque tu propio carcelero te obliga a ello  y sonríes…

-          ¡Si, sonrío ¡

-          ¿A esa mueca la llamas sonrisa?

-          Rio cuándo las circunstancias me  provocan la risa

-          Claro, ese es tu problema. Nada te provoca risa, ni siquiera felicidad. Incluso nunca has estado contenta contigo misma. Mantienes una máscara que solo desaparece cuándo duermes, y en esos casos, ni tú misma te ves.

Dormir, ni siquiera estaba segura de lo que aquello significaba. Descansar, bajar la guardia, tal vez soñar.

-          Tú que sabrás. Tan solo ves lo que yo quiero que veas. Soy yo quien te engaña.

-          ¿Quién engaña a quien? ¿Tu a mí o a ti misma? Piénsalo.

-          Yo controlo y domino la situación. Si quisiera, jamás me verías.

-          Yo podría verte, pero serías tú, la que pasado un tiempo quizás ni te reconocieras.

-          He ganado. Mi partida ha durado prácticamente una vida, pero por fin he triunfado en este juego.

-          ¿Crees que has ganado la partida o simplemente ha sido un empate en tablas? Mírate bien. ¿Qué juego has ganado? La humillación, el sometimiento y la huida hacia delante no son trofeos de un ganador.

-          No tenía otra salida

-          Yo creo que sí. Tú eres tu propia salida

-          ¿Qué quieres decir?

-          Llevas muchos años aguantando una situación insostenible, y lo sabes. Podías haberla cambiado hace tiempo, pero para ti era más cómoda esa postura. Te has dejado llevar. Hiciste tu nido en jaula de oro.

-          ¿Y que tenía eso de malo?

-          Respóndete a ti misma. ¿Por qué has roto ahora los barrotes de esa cárcel si la situación era tan buena?

Aunque su imagen era fiel reflejo de su realidad, en su interior se producía una gran transformación. Una catarsis revolucionaba sus entrañas.

-          Porque ya no es lo que era

-          ¿Qué es lo que era?

-          Una vida holgada y sin muchos conflictos. Estaba en mi casa y no tenía que preocuparme de más. Hasta nos queríamos. Y creo que nos respetábamos

-          Entonces ¿qué ha ocurrido ahora?

En ese momento se dio cuenta. Nada había cambiado. Su mundo  exterior seguía exactamente igual, pero su interior… Su propia mente la estaba traicionando y preparaba una estrategia para hacer que sus mecanismos de defensa no la traicionaran de nuevo.

-          ¡No soy él! Mírame, soy yo misma. Soy una mujer. No soy un apéndice, tengo entidad propia. ¿No ves que pienso? Han sido muchos años, sí, quizás demasiados. Pero nunca es tarde.

Rebasado el ecuador de su existencia había tocado fondo y necesitaba pasar página. Su vida anodina, marcada por lustros de rutina, aflicción y obediencia, tocaba su fin.

-           Ahora es mi momento. He crecido, soy adulta  y lo mejor de todo es que ¡Soy libre!

-          Eres libre y te sientes libre. ¡Disfruta de tu libertad!

Y allí mismo, frente al espejo de su habitación, ese que tantas y tantas veces se había convertido en mudo testigo de su atribulada presencia, se desnudaba nuevamente.  Despojada de todo ropaje, vestida de su impudor, y arrebatada de cualquier máscara, se encontraba descarnada frente a sí misma, observando su propia realidad y exhibiéndose ante su íntima conciencia.

-          ¡Adiós amigo!  Comienzo mi vida.

 

1 comentario:

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